Volver al feed

Miguel · vuoX

Opinión·4 jun 2026·4 min

¿Seguro que estamos tan mal?

Complemento a la reflexión sobre el seguro de salud: desde Manchester en 1850 hasta la ansiedad del domingo por la noche — incomodidad no es catástrofe.

Complemento de El seguro de salud no va a romperse. Va a vaciarse.

El trabajador industrial de Manchester en 1850 se levantaba a las 5. Trabajaba 13 horas en un edificio sin ventilación, con algodón en los pulmones. Cobraba lo justo para no morirse de hambre — a veces ni eso. No había contrato, no había baja, no había jubilación. Si el capataz decidía que ya no le servías, estabas en la calle antes de mediodía. Sin red.

Cuando llegaba a viejo — si llegaba — dependía de que sus hijos pudieran mantenerle. Si no tenían con qué, el asilo de pobres. La fosa común sin lápida.

No había ansiedad laboral. Había miedo real. Miedo a no comer.

Yo soy el primero que se queja. De que el trabajo no me llena. De que el jefe no me entiende. De que esto no es lo que quería. De la ansiedad del domingo por la noche.

Y no digo que ese malestar no sea real — lo es.

Pero hay algo que me resulta cada vez más difícil ignorar: tenemos el instinto de supervivencia en modo off, y en ese vacío afloran todas las fragilidades.

No porque seamos peores personas. Sino porque nunca hemos tenido que ser de otra manera.

El problema es que saberlo no sirve de nada.

Es como el padre que le dice al hijo que estudie porque él no tuvo oportunidades. Tiene razón. Y no sirve de nada. Porque no has vivido la penuria en primera persona, no puedes interiorizarla — solo racionalizarla. Y racionalizar no es lo mismo que sentir.

Así que no voy a terminar esto con un "valora lo que tienes".

Voy a terminar con algo distinto: respeto.

Respeto a los que vinieron antes. A los que construyeron lo que disfrutamos sin saber que lo estaban construyendo para nosotros. A los que aguantaron sin el vocabulario emocional que tenemos hoy, sin terapia, sin opciones, sin la posibilidad siquiera de plantearse si esto les llenaba.

No necesito haber pasado hambre para honrar a los que sí la pasaron.

Honrarles significa, al menos, no confundir incomodidad con catástrofe.
ReflexiónSociedadOpinión